domingo, 5 de diciembre de 2010

Esperanza , Abdullah bin Nasser

Esperanza , Abdullah bin Nasser
El verbo Qatar se declina hoy entre  rotonda y rotonda de la calle más larga del sur de Europa,  la que une a los municipios costero desde Manilva a Nerja. Sólo unos cuántos miles de viviendas en ventas mantienen el leve ruido de los insectos mientras le buscan la vida a toda costa.
La compra del club deportivo Málaga por el jeque árabe, Abdullah bin Nasser, da para ilusiones futboleras, titulares, especulaciones y viejas pandemias de los años 60, edulcarados recuerdos en cuché del chiringuito franquista  de  los Jaime de Mora, Hohenlloe, Gunilla, que gozó del esplendor de la “milla de oro” apadrinada  por los petrodólares de los príncipes árabes.
Nuestros primeros años de democracia municipal, los nuevos planes generales, los municipios en su mayoría socialistas, pararon el desenfreno, hasta que los críticos años noventa, entronaron de nuevo la codicia con Jesús Gil a la cabeza,  para expolio público, y “malayas” consecuencias de tertulianos carcelarios.
El viejo agente 007, residente en Marbella, abandonó su mansión Malibú, parecía que huía Sean Connery de la plaga del ladrillo, o del sin fin de los viejos agentes del Este instalados en la Costa, los nuevos ricos postsoviéticos. Ni para eso da el culebrón, al final lo tienen implicado en la operación “Goldfinger”, por ser agente doble de “Cementa”, filial de la terrible “Spectra” en la Costa del Sol, capaz de contaminar lo más granado.
Entre qatar y cata, Esperanza Oña, alcaldesa de Fuengirola y portavoz del Pp en el parlamamento Andaluz, ha lucido su patrimonio  nacional catolicista, siempre adobado por un extraño liberalismo de compra y venta. La muy buena señora se ha atrevido comparar a Blas Infante, con  el jefe falangista Elola-Olaso, para evitar el cambio de nombre del Estadio Elola por el del Padre de la Patria Andaluza, en conmemoración del 125 aniversario de su nacimiento, como pretendía los ediles del Psoe.
Yo no soy quién para pedir dimisiones, ni la rectificación de sus hechos y palabras, qué como es obvio le pedirán sus opositores directos, sí soy quién para preguntarme, y más después de leer la web de doña Esperanza, dónde remacha su constitucionalismo. ¿En qué parte del pedregal cayó nuestro espíritu constitucional, para que se manifieste de esta manera?¿se puede despachar hacia el juicio divino una cosa tan humana como la dimensión pública para nuestra comunidad de dos personajes tan diferentes?
Es estos días dónde se trata de buscar salida a las penurias, y   por tal, las autoridades brindan por la esperanza  alfombrando  las idas y venidas del jeque futbolero, no me olvido de nuestra tradicional hospitalidad. Alguien sugirió,  hasta soslayar en el escudo del Club el “Tanto monta, …”. Yo me ensimismo en la desesperanza que me provoca la portavoz del partido popular en Andalucía, que no sabe distinguir entre la figura de Blas Infante, el personaje del falangismo Elola-Elasso. Y si lo sabe –ni tanto monta, ni monta tanto-.
4 de julio de 2010








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