domingo, 5 de diciembre de 2010

En los tiempos del Nobel

En los tiempos del Nobel
El Nobel, Vargas Llosa, pasea por las calles de Nueva York y se da un baño de modestia. Mis paisanos costasoleños se dan un baño de autoestima al recordarnos que el extraordinario escritor peruano nos visita cada verano para su anual y costeado ayuno. La verdad, no es para menos, en un territorio relamido por tiburones y pirañas, debemos congraciarnos que para el novelista seamos su territorio de abstinencia y de sueños pantagruélicos
Profeso admiración por la obra de Mario Vargas Llosa y porque su verbo me llegue sin traducir.

Pienso que los nobeles y los novelistas, son un íntimo refugio para los tiempos de aprietos. Cansan los secundarios comentarios de las primarias; el tallaje físico y ético de Camps; el paseo de las mulillas por el Senado para transportar el sueño bóvido de Pio García Escudero; los desalmados comentarios dedicados a las mujeres rapadas por la España salvaje; la encuestas sobre las opciones electorales de Belén Esteban; la larga agonía de Díaz Ferrán. A nuestro disgusto podemos añadir raciones de sin razón para el arrastre.

Liu Xiaobo, recibirá el Nobel, como el conde de Montecristo recibió el legado del tesoro escondido en Milán. Su responsabilidad ejemplar con los derechos humanos, pertenece a los que se lanzan en la carrera contra el miedo en pos de la libertad, los mejores de nuestra especie. El mandarinazgo comunista chino, tan de modé, emite rugidos de blasfemia contra la concesión del Nobel a Xiaboo; mientras en las democracias europeas nos hacemos el sueco y Obama saca pecho por los derechos humanos frente a los dirigentes de la quinta parte del mundo. Las matemáticas de la economía mantienen relaciones inversas con los números de la dignidad -¿si el dragón despierta nos suprimirá la cartilla de los derechos humanos?

En los tiempos del Nobel, con frecuencia tenemos la suerte de que los académicos nórdicos dinamiten nuestras conciencias, y alojen en el elenco de los ejemplos, un cuadro de honor más encomiable que la de nuestros paisanos afamados.

Mejoramos al felicitarnos por el Premio Nacional de Narrativa de Javier Cercas, muy merecido por su ANATOMIA DE UN INSTANTE. Novelar la llaga del 23F es una hazaña de lo literario para revivir las claves de nuestra transición a la democracia. Había que ponerle imaginación al sin vivir de unos años agigantados por la ilusión, y ensombrecidos desde aquella, menos célebre, reunión de jefazos militares en Játiva, en septiembre de 1977.

Memorizo todos aquellos instantes anatómicos, la noche del 23F en el ayuntamiento de Málaga, cuando el alcalde, Pedro Aparicio, decidió abrir luces y puertas del Consistorio. Allí nos unimos los concejales de todas las formaciones políticas: PSOE, UCD, PC Y PSA -¡qué noche la de aquel día!- Llegamos a sentir las amenazas cercanas y lejanas con olímpico desasosiego. Aquella noche supimos hacer honor al lema de la ciudad de Málaga. –La primera en el peligro de la libertad-.

Dictadura y tres años de ruido de sables, no debieran dar lugar a que Javier Cercas nos llame la atención con su comentario por la falta de reacción popular ante la intentona golpista. Podemos decir que fueron un clamor las manifestaciones por la democracia y la libertad de nuestro pueblo tras la intentona golpista. -¡No debemos dejar ningún aliento a las pistolas!

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