Rusia Unida
Siempre me llamó la atención la desenvoltura con la que se bautizan algunos partidos, más por inercia o disimulo, que para expresar la esencia de su inspiración. El elenco ruso provee de una nómina de partidos de ese estilo, pero su tejido es espeso como el de la vieja nomenklatura, al menos así dicta la apariencia. “Rusia Unida”, el partido en el poder, es de esos nombres que sonrojan porque en nuestra cultura, al menos, atiende a jactancias patrioteras
Marcha hoy para su Moscú natal, un íntimo amigo músico; nos desayunamos en la despedida un cruasán con chisporroteos de Luzhkov. La conversación sobre el alcalde de su ciudad me entretenía tanto por el entusiasmo que le ponía, como por la dificultad en entender su “andarruso”, su forma particular de hablar castellano, añadidos sus entresijos y enigmas.
Al afamado alcalde de la capital rusa, se lo ha cepillado el presidente Dimitri Medvedev, hasta ahora chamusquina, si no se sabe que desde 2005, el nombramiento del alcalde lo rescataron los presidentes de las infames manos de los ciudadanos que los elegían. Por lo tanto el presumible incompetente presidente, títere de Putin, ha usado para el cese sus competencias con un coraje propio de un zar lanzando ucases.
Luzkhov, se dejó ver por su afición a la política tempranito, hecho un komsolmoncito, en el Partido Comunista de la antigua URSS, como no podía ser de otra manera; aguantó ahí dentro hasta la última ceniza del puro, hurgando y ascendiendo por los cambalaches municipales. Padeció después de la iluminación perestroika en los tiempos convulsos; y de ahí, sería nombrado alcalde de Moscú en 1992 por su amigo Yeltsin. Surgiendo un querido y popular líder alcalde, a la par que controvertido. En su primera elección por votación ciudadana obtuvo el 95 por ciento de los votos, y en las dos siguientes el 75 por ciento. En 2005 lo nombró de nuevo Putin, un presidente agradecido por haber sumado su partido “Patria” a las huestes de “Rusia Unida” ¡todo en familia!
Fueron los negocios de la familia propia los que fueron dejando una huella cenagosa en su fama, mejor conseguida en su gestión al frente de la megaurbe durante dieciocho años. La Moscú que conocí los días que hacíamos las audiciones a un buen número de músicos componente hoy de la Orquesta Ciudad de Málaga, era desoladoramente dikeniana pero con el congelante de sus quince grados bajo cero, dónde antes veía la marcialidad de los soldados en la Plaza Roja, rompimos a llorar ante una anciana descalza que nos vendía en la penumbra esculturitas de pan amasado.
Elena Batúrina, su segunda mujer, con la que se desposó un año antes de ser alcalde, mujer de negocios, la repera, ha acumulado copeks desde cero a ponerse la tercera por patrimonio en la lista de Forbes de las acaudaladas mundiales. Empezó con Inteko, de manufacturas de plástico: cucharas, escupideras y asientos para estadios municipales, para que todos los moscovitas vivientes descanse sus posaderas, de ahí, hasta controlar más del 20 por ciento de la construcción de la Ciudad. La mujer monta tan alto y bien que es la presidenta de la Federación ecuestre. Eso sí, los españoles nos tenemos que sentir ufanos porque todavía nuestra Rosalía Mera, la ex de Amancio Ortega, le adelanta en caudales. La verdad es que no se pueden ni comparar aquellas batas de boatiné, tan nuestras, con los plastiquetes de Moscú mejorados en el chino.
Amén de poner Moscú como un zarcillo en sus 18 años de alcalde, y que no la conoce ni la madre que la parió, restaurar la catedral de Cristo Salvador (Kremlin divino), ser la ciudad más rentable para invertir en 2008 en el mundo, y un largo etcétera. Un largo calvario se le adivina tras el cese: esclarecer los negocios de familia; dejar una de las ciudades más corruptas del mundo por sus manejos urbanísticos; insultos de homofobia por comparar la homosexualidad con los misiles; incompetencia en la ola de calor que asoló a Rusia este verano, más preocupado en invertir para salvar sus amadas abejas, que por la gravedad de los incendios y la situación de sus ciudadanos, y lo que haya en el baúl de los recuerdos. Ni una vieja medalla ha merecido.
En los tiempos de la URSS existían los kremlinologos, una especie de adivinos que leían el movimiento de las cejas de los miembros del politburó en los desfiles, para orientarnos. Ahora, tenían todas las razones para destituir a Luzkhov desde hace años, pero al parecer ha sido necesario que se haya querido meter a hacer política de cara a las elecciones presidenciales del 2012 ¿de tercero en discordia o jugando a romper el tándem Putin-Medvedev (tanto montan…), por ahora? Esperemos noticias, pronto mi amigo me traerá malas nuevas de Rusia Unida.
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