domingo, 5 de diciembre de 2010

Sin ventrílocuo

Sin ventrílocuo
En las filas del Partido Popular hay espinosos personajes que siempre encuentran un micrófono a la altura de sus despropósitos, y si callan algunas cosas, es porque el púdico oído del parroquiano no merece lo que sugiere su retorcida y pobre imaginación.
Uno de los expertos en venablos sonoros es el alcalde de Valladolid, un claro ejemplar del acervo cultural del modelo del gobernante pre constitucional; de difícil anclaje en la realidad actual y que pertenece al tremendo mundo de las sombras que nos lastran y distraen en nuestros avances democráticos. Demasiado ancha es Castilla para su estrechez de miras, le podríamos decir a León de la Riva.

Varias veces me he preguntado si el regidor pucelano celebraba con la misma osadía, aunque fuera en la intimidad, el nombramiento que hizo su amigo Aznar, de la que fuera ministra de Sanidad, Celia Villalobos, ejemplo de “nivelazo”. Estoy seguro que ni en la intimidad dijo ni pío, sabe que entre su paisanaje el chiste sin consentimiento se condena por desórdenes públicos.

Como el señor es un PRE con todas las mayúsculas, no se me ocurre calificarlo por la más moderna opción de machista, con la que algunos le vienen enjuiciando por sus declaraciones incalificables sobre Leire Pajín. De León de la Riva se espera patriotismo y creencia, y esa castiza muletilla -”de lanzar piedras a los rojos, a ser posible a los ojos”-. Rajoy, en la intimidad, amén de amparar partidas de presuntos, anima al hooligan vallisoletano por sms, más "pres" para deprimir en sepia el horizonte.

Dicen que en la Valladolid actual se reparten el cotarro curas, monjas, derechistas y opus deístas gracia al predominio del actual Consistorio dominado por los populares. Me viene por eso a la memoria las páginas de una biografía de Cervantes, cuándo de niño llegó a Valladolid, y la descripción de aquella Corte dónde “–gentilhombres, negociantes, estudiantes, servidores, monjes, mendigos y esclavos-se apretujaban dentro de sus muros”; y que fue merecedora de la burla de un viajero holandés que la describe como lugar de “putas, pleitos, polvos, piedras, puercos, perros, piojos y pulgas”.
A pesar de su alcalde, y su prócer Torquemada, por la gracia de Jorge Guillén, jinete titánico de la esperanza, conocí la mejor Valladolid, la de Delibes, Rosa Chacel, Francisco Pino, Gustavo Martín Garzo.

La noche de las ánimas la rememoro con Don Juan Tenorio, del otro gran vallisoletano, José Zorrilla. Me pilló halloween con el paso tan cambiado, como al alcalde de Valladolid, el más simple sentido de la igualdad de sexos. Mientras, tengo confianza de que el votante vallisoletano, actúe como el del poema Paco Pino: “Es un rostro que ciego ve una flor…”; si no seguiremos con el poema de Gongora: “Valladolid, de lágrimas sois valle…”.

Vocalistas como León de la Riva, necesitarían de ventrílocuos políticamente correctos que corrigieran sus necedades, pero me temo que las cartillas de consignas moderadas de los populares, no ponen reparos a la delincuencia de Dragó (llámese literaria), ni a las groserías taberneras del edil pucelano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario