“El pensamiento cautivo”
Inicio con el título de la novela del premio Nobel polaco de 1980, Czeslaw Milosz.
La tragedia aérea en los bosques de Smolenks, en la que han fallecido el presidente de Polonia, Lech Kaczynski y el resto de los 96 ocupantes de la delegación que iba a asistir al homenaje conmemorativo de la ejecución de 22000 prisioneros polacos, en su gran mayoría oficiales del ejercito en los bosques de Katyn en 1940. Condenados por Stalin tras el acuerdo para la partición de Polonia entre la URSS y la Alemania de Hitler, por esa indiscutible acusación del feroz dictador soviético, de ser agentes de la reacción anti-revolucionaria, me lleva a dedicarle estás líneas solidarias a nuestros compañeros de viaje en la gran aventura europea, el pueblo polaco, y mi recuerdo a las víctimas de la catástrofe.
Las primeras audiciones para la Orquesta Ciudad de Málaga en 1990, las ganaron un matrimonio polaco: ella una brillante primera violinista y él un excepcional contrabajista, músicos de los que guardo un grato recuerdo tanto en lo profesional como en lo personal; trabajadores, con un tesón, educación y atención especial. Todo esto me recuerda a un documental sobre Varsovia en la Segunda Guerra Mundial, en el que significativamente solo quedaría en completa lozanía un trozo de pared o muro de la ciudad, ante la devastadora masacre perpetrada por los invasores nazis. Esa pared se nos mostraba como el símbolo de un pueblo ganador de libertades y un gran yunque ante las tiranías, carácter de campesinos laboriosos, afables, pero principalmente solidarios y firmes.
Casi a la par que en España emergíamos de la dictadura, nos llegaban los nombres de Walesa y su Sindicato Solidaridad, 80 trabajadores muertos en la revuelta de los años setenta en los astilleros Lenin del Danks: manifestaciones, huelgas y represiones que nos asombraron durante dicha década, distorsionadas nuestras mentes por los ecos amurallados de la guerra fría al servicio de sus estados mayores, y entretenidos por los panfletos para apagar el “prietas las filas”.
Nuestros pueblos tuvieron que andar lo suyo para llegar a la Europa libre; pero como se dice entre colegas, “unos más que otros”, porque los polacos se tuvieron que nutrir de sopa de cáscara de patatas al principio de los ochenta, le negaron todo los camaradas del soviet, menos el vinagre y la sal que se exhibían en solitario en los estantes de las tiendas de comestibles.
Polonia fue adalid en las revoluciones de 1989, llamadas “El Otoño de las Naciones”, con las que iniciaron el cambio para salir de las dictaduras comunistas, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria y Rumanía. Por eso el muro de Berlín cayó, pero la pared de Varsovia sigue viva y crecida por los brazos solidarios; el Nocturno de Chopin interrumpido por las bombas nazis sigue sonando por las manos del compositor y pianista Szpilman.
Los campos de Smolenks están llenos de sangre propia y ajena, sangre de batallas extraordinarias contra Napoleón y Hitler, sangre de víctimas de Stalin, sangre ahora, de representantes del pueblo polaco, recogimiento pues, y “Marcha Fúnebre”, la tragedia la preside el caos, pero rescatemos pronto la alegría del pueblo hermano.
Lamentablemente, el avión siniestrado no me ha dejado ver los otros bosques o al menos escribir de ellos, eso sí le he escrito al Poder Judicial por la injusticia del sumario contra el juez Garzón y después de todo lo leído en el sumario Gürtel, no sé como se van a librar don Rajoy y don Arenas de las consecuencias políticas para el Pp. y para ellos mismos, aunque pretendan entretenernos con parodias de su verbo y pensamiento cautivo.
12 de abril del 2010
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